La empresa estadounidense de video-vigilancia citywatcher.co
m comenzó a utilizar microchips REPLACEados en el cuerpo de sus trabajadores, como una forma de control para que los empleados no puedas acceder a secciones de seguridad restringidas de la firma.
Los chips de silicona que sirven tanto para el control de empleados como para acceder a la historia médica de sus portadores, ha levantado la polémica en Estados Unidos.
Citywatcher.co
m de Cincinnati (Ohio), es la primera que ha empezado a utilizar los chips pero ya hay polémica ya que varias asociaciones de derechos civiles han protestado contra lo que consideran un nuevo paso en la invasión de la intimidad de los trabajadores, mientras que sus fabricantes insisten en que es una tecnologÃa de avanzada y de usos múltiples.
Su presidente, Sean Darks, explicó a EFE cómo dos de sus empleados, que se presentaron como voluntarios, y él mismo, se han implantado un chip, que tiene el tamaño de un grano de arroz, se coloca dentro de la piel y funciona como una tarjeta de acceso a las áreas protegidas.
"La implantación de los chips ha sido y seguirá siendo completamente voluntaria, asà que no daña en absoluto el área privada de nuestra vida. Para nosotros es una medida de seguridad muy eficaz", se defendió Darks.
John Procter, portavoz de "VeriChip", explicó que la compañÃa trabaja fundamentalmen
te sobre dos aplicaciones de esta tecnologÃa: para identificación, como en el caso de citywatcher.co
m, y para su utilización en hospitales.
La cápsula, que se REPLACEa bajo la piel del brazo o la mano con una jeringa, contiene un número de 16 dÃgitos que permite el acceso al historial médico del portador.
Este chip, según sus promotores, facilitará a hospitales, médicos y pacientes mejorar la asistencia y evitar errores, con información precisa sobre cada paciente y su condición sanitaria.
Además de estos usos, Procter recordó que la SecretarÃa de Justicia mexicana ya utiliza este tipo de tecnologÃa para identificar a sus empleados.
El "chip" tiene también otros usos menos altruistas y, por ejemplo, la discoteca Baja Beach Club de Barcelona (España) utiliza estas cápsulas con sus clientes VIP. Le sirve para identificarlos en la entrada y para que puedan pagar sus consumiciones mediante una cuenta especial.
La empresa calcula que aproximadament
e 200 personas en todo el mundo llevan ya estos ingenios implantados en su cuerpo.
Pero esta tecnologÃa futurista, más propia de la literatura del escritor George Orwell, tiene también cada vez más detractores.
Entre ellos está Profesionales de la tecnologÃa por la responsabilida
d social, un grupo ubicado en Palo Alto (California), que protesta por lo que consideran "una pésima iniciativa".
Lisa Smith, miembro de este grupo, aseguró a EFE que "la sola idea de llevar algo implantado en el cuerpo, que no se puede apagar, supone una invasión total de la intimidad".
"Existen otras formas de identificación menos invasivas que también son adecuadas, por muy voluntario que esto sea", dijo Smith.
Esta activista hizo también una reflexión sobre los caminos opuestos hacia los que se dirige la tecnologÃa: "Por un lado, las innovaciones permiten una vulneración cada vez mayor de la intimidad, pero por el otro, dotan a los ciudadanos de más herramientas para poder defenderla".
Tanto VeriChip como citywatcher.co
m se aferran al carácter voluntario de los implantes para rechazar cualquier acusación.
Procter asegura que aporta "más discreción y más seguridad a las compañÃas", mientras que Darks argumenta que jamás pedirÃa a sus empleados algo que él mismo no estuviese dispuesto a hacer.
(Fuente: EFE)
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