El portavoz de Sony en EEUU, Dave Karraker, ha afirmado que la compañía «tomará medidas legales agresivas contra cualquiera que intente utilizar un fallo de la consola de manera ilegal». Es decir, el que la hackee corre el riesgo de ser perseguido judicialmente y además no volver a utilizarla, ya que la modificación de su firmware acarrearía la pérdida de la garantía.
La compañía ha salido al paso de las informaciones que indicaban que algunos usuarios habían conseguido hackearla pero no ejecutar copias de los videojuegos. De esta forma, Sony intenta meter miedo a los que lo intenten, recordándolos que un pequeño fallo al piratearla podría derivar en un «error muy costoso».
Así mismo, corre el rumor de que los usuarios que se atrevan a piratearla serán baneados de la plataforma «PlayStation Network», la red para disfrutar de una experiencia multijugador, al igual que hizo Microsoft recientemente con «Xbox Live».
La incertidumbre es evidente: ¿conseguirá Sony disuadir a los piratas metiéndoles miedo? ¿Por qué no ocurrió lo mismo con la PlayStation 2? Sin entrar en polémicas, parece evidente que los hackers no se van a amedrentar ante esta advertencia, al menos hasta que no haya ninguna sentencia judicial firme. Por un lado está la consideración negativa clásica sobre el pirateo, pero por otro también existe la opinión de que el pirateo masivo de una videoconsola se traduce en un aumento de las ventas y del número de videojuegos.
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