Ni los discretos empleados de la CIA logran dar esquinazo a la cada vez más popular utilización del famoso buscador de internet para encontrar toda clase de informaciones personales en formato digital
PEDRO RODRÃÂÂGUEZ. CORRESPONSAL
WASHINGTON. Google es el legendario buscador web que comenzó como un proyecto estudiantil y ha terminado por convertirse en el multimillonari o Ãndice casi obligado para todo el universo que gira en torno a internet. «Googling » es el verbo derivado que se utiliza para describir el creciente y espabilado uso de esa herramienta para encontrar toda clase de informaciones personales sobre posibles novios, compañeros, profesores, jefes y hasta la identidad de discretos empleados de la CIA, tal y como demostró este fin de semana el diario «Chicago Tribune » al descubrir, pero no publicar, los nombres de 2.600 empleados de los servicios de inteligencia, además de cincuenta números de teléfono confidenciales y la dirección de dos docenas de instalaciones secretas en Estados Unidos.
Según han reconocido portavoces autorizados de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, en la era de Google resulta un reto establecer identidades secretas, susceptibles a dejar abiertos «agujeros » que pueden ser detectados a través de una simple búsqueda. Y más todavÃa ante la proliferación de servicios de pago en Estados Unidos, que a cambio de cantidades no prohibitivas, son capaces de aportar toda clase de detalles sobre cualquier persona rebuscando en toda clase de bases de datos. Táctica conocida como «data mining » o «minerÃa de datos ».
Como ejemplo de la transparencia y alcance de Internet, el «Chicago Tribune » se ha encargado de rebuscar material sobre «La granja », las instalaciones de entrenamiento de la CIA en la base militar Camp Peary situada en Virginia. Centro cuya existencia no ha sido confirmada oficialmente a pesar de conocerse desde los años ochenta. Siendo capaz de encontrar los nombres y detalles de 26 personas que trabajan allÃ, además de datos sobre 17 aviones no militares que han aterrizado en la pequeña pista de Camp Peary.
El «googling » está de moda
El fenómeno del «googling », según las últimas estimaciones, empieza a suponer un creciente porcentaje de los millones de consultas mensuales que recibe Google entre los usuarios de Estados Unidos, dentro de una tendencia que aunque iniciada en el gigante americano, con 195 millones de internautas, se estarÃa extendiendo a otros paÃses.
Los especialistas en seguridad informática recuerdan que este campo de búsquedas, originalmente reservado a famosos o personas con notoriedad, se ha extendido a millones de personas hasta ahora anónimas. Resultando relativamente fácil rastrear desde el nivel de educación hasta experiencia profesional, además de cualquier comentario, opinión o referencia vertida en los diarios que pueblan la «blogosfera ». Expansión portentosa que, al mismo tiempo, no ha disipado todos los problemas de veracidad asociados con la Red.
Como ejemplo de lo fácil que resulta obtener información personal en internet, el verano pasado, la pagina News.com publicó los resultados de una búsqueda de media hora con ayuda de Google sobre Eric Schmidt, el principal ejecutivo de la compañÃa. Estimando su fortuna en 1.500 millones de dólares y encontrando desde sus aficiones hasta el nombre de su esposa Wendy, su dirección en una exclusiva zona de California. Y hasta su afinidad polÃtica hacia el Partido Demócrata, llegando a haber organizado recaudaciones de donaciones electorales para la descarrilada candidatura de Al Gore.
Ante esta imparable tendencia al abuso, en un reciente número de la revista «Foreign Policy », la famosa gurú tecnológica Esther Dyson llegaba a incluir concepto de anonimato entre las cosas que no van a llegar hasta el año 2040. Según Dyson, los ciudadanos del mundo desarrollado se encuentran ya facilitando información personal a un ritmo sin precedentes, con rastros cibernéticos fácilmente trazables pese a todas las promesas de intimidad digital.
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